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Caminos Cruzados X (2a parte) – psicología

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CAMINOS CRUZADOS. PARTE II (X)

El mes de mayo se presenta con la intención de prepararlo para lo que será un verano caluroso, de humedad, de sudor, lágrimas y sal.

Desde febrero que sus días se centran en trabajar, comer, dormir y, de vez en cuando, quedar con sus fieles compañeros: los videojuegos. Éstos son el refugio a la sensación interna de vacío, sensación que realmente aún desconoce, y por lo que, aún no puede ponerle nombre.

Las llamadas de sus colegas son solamente un parche que Marcos utiliza para rellenar los huecos vacíos de su tiempo libre. Superficialidad de conversación, diálogos viciados en los que siempre se acaba hablando de lo mismo: fútbol.

Días que se hacen lentos, pesados, aburridos. Semanas que, echando la vista atrás, parece ser que pasan rápido. En fin, la relatividad del tiempo.

Viernes noche de un cálido mayo. Finales de mes. Marcos se dispone a sintonizar el partido que, si bien le va a entretener, tampoco le va a dar el subidón de bienestar que necesita, porque tanto el Alavés como el Osasuna “se la traen al pairo”. Hamburguesa doble extra de queso cheddar, salsa barbacoa chorreante, pepinillos encurtidos en vinagre: una explosión de sabores.  De la comodidad del plan, al que le suma una cerveza Noble y un cómodo pantalón sport, se suma el imprevisto de una llamada telefónica. Directo a apuntar diana, sin rodeos, sin WhatsApp, ni reacciones de Instagram. Guillermo al otro lado de la línea, proponiendo un plan alternativo bastante más interesante que ver un partido de fútbol que ni fu, ni fa…

Cambio de planes: hamburguesa en standby; televisión apagada; cerveza postergada. Cambio de ropa, unas gotas de Hugo Boss, gomina perfectamente dispuesta por su abundante cabello castaño oscuro.

Marcos se prepara para el incendio, porque, sin saberlo, esa misma noche va a arder. Viernes noche, ambiente festivo, verano supurando en cada poro de la piel de todos los allí presentes. El Goyo gastrobar se dispone de mucha gente, sí, pero entre toda esa marabunta, se encuentra ella. Mucha gente, pero una sola persona: Alejandra.

Alejandra presente, de cuerpo, a unos pocos metros de distancia. Se para el reloj, tanto para él, como para ella. Misma noción del tiempo vivida en cuerpos diferentes.

Tres meses después: cruce de caminos

Texto por Raquel García Bayarri.

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