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Caminos Cruzados IX (1a parte) – psicología

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CAMINOS CRUZADOS (IX)

El tiempo (cronológico, que no meteorológico) es un concepto difícil de definir, ya que cada persona tiene una experiencia diferente del paso de una hora, de un día o incluso de un mes.

El tiempo es tan relativo como lo es el simple hecho de que un agricultor adore los días de lluvia (porque esto supone un riego para sus cultivos), y un turista deteste ver el cielo “llorar” (vacaciones “tiradas por la borda”).

Así de relativo es el tiempo, porque quién lo vive con intensidad, puede que sienta el paso de una hora como si hubiese sido un solo instante, o quién se halla sumergido en el aburrimiento y la monotonía sienta esta hora tan lenta, larga y atroz, que posea la noción del paso de 5 horas (y no de simplemente 60 minutos).

Alejandra y Marcos: complementariedad truncada, piezas diferentes que no encajan (porque pertenecen a distintos puzles), nociones del tiempo vividas de manera dispar, pero a la vez, común.

Viernes noche de un cálido mayo. Finales de mes. Alejandra se dispone a salir de la comodidad que le supone el pijama, su pizza favorita (extra picante), y la película de rigor para comenzar el fin de semana con adrenalina (comedia romántica, no, por favor).

Rompe la rutina, esa que tan bien la hace sentir, porque nada como estar bien con una misma, después de una larga tormenta. Llegó la calma (o eso pensaba ella).  A veces, o, mejor dicho, casi siempre, tocar fondo te da el impulso para subir (y salir de donde estás).

Diversión trasmitida a partir de unas simples miradas, porque la complicidad que tiene Alejandra con los suyos trasciende las palabras. Viernes cálidos, húmedos, de temperaturas por encima de la media, de cabellos enredados y crispados por el efecto térmico de la presencia del Mar Mediterráneo a solamente unos metros de distancia.

Miradas, conversaciones, vinos, alguna que otra tapa previa cena… risas, más risas, agujetas como consecuencia , minutos vividos como si fuesen segundos, horas exprimidas como la mejor naranja “navelina”, en fin, vivencias sentidas como si solamente hubiese transcurrido media hora desde el inicio del viernes noche… porque vivir con intensidad lleva a Alejandra a perder la noción del tiempo, hasta que sus ojos presencian un rostro “conocido”, porque si se detiene a pensar, desconocía mucho del mundo interior de la persona que tiene a pocos metros: es él, Marcos.

Marcos presente, de cuerpo, a unos pocos metros de distancia. Se para el reloj, tanto para ella, como para él. Misma noción del tiempo vivida en cuerpos diferentes.

Tres meses después: cruce de caminos.

Continuará el próximo sábado. Texto por Raquel García Bayarri.