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Días buenos, buenos días y… días raros

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DÍAS BUENOS, BUENOS DÍAS Y… DÍAS RAROS

Días raros aquellos en los que, desde que te levantas, notas una ausencia, un vacío, una sensación de extrañeza no localizable en una parte concreta del cuerpo. Es más bien, todo el cuerpo el que responde a “me siento rara”. 

Así se sintió Alejandra aquella mañana del recién estrenado otoño, lluvioso y con un ambiente grisáceo bañado en matices de tierra y barro experimentado a través del olfato. “Huele a otoño, a lluvia…”

Existen los días buenos, considerados aquellos días en lo que todo parece fluir de manera acorde a como esperamos, existen los buenos días, como pura frase que solemos repetir de manera automática y casi por inercia cuando nos levantamos de la cama y nos topamos con la primera persona que se cruza en nuestro camino y, por último, existen los días raros. 

Días raros, en los que verbalizamos un “buenos días”, pero en el fondo, cuando reconectamos cerebro y corazón, observamos que de buenos tienen más bien poco, porque no es bueno sentirse extraña, no es bueno sentir rareza y añoranza; extrañeza y nostalgia…

Esos días raros estuvieron acompañando a Alejandra, día y noche, con sus amaneceres y sus atardeceres, culminando con los anocheceres teñidos de esperanza en que “mañana será un mejor día”.

Es bien sabido que la actitud determina el estado de ánimo, y que el estado de ánimo (por ende) está condicionado por la actitud que tomamos frente a la vida.

Días que escoltaron a Alejandra como si de su sombra se tratase, acompañándola allá donde fuese: en el trabajo (sensación de no disfrute); en casa (pensamientos tóxicos repetitivos que potenciaron sus días “raros”); con su gente (de cuerpo presente pero de mente ausente)… así podría seguir (situaciones diversas con sus actividades preferidas no disfrutadas), pero,  es lógico que estos días que acompañaron a Alejandra en cada pisada que daba, potenciaron su estado de ánimo bajo, hasta que, comprobó en sus propias carnes que tocar fondo te da el impulso para subir (y salir de donde estás).

Raquel García Bayarri

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