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Nudos de garganta: pérdidas en tiempos de pandemia

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NUDOS DE GARGANTA: PÉRDIDAS EN TIEMPOS DE PANDEMIA

¿Cómo hablar cuando existe un nudo en el cuerpo, en la garganta, cuando lo que se siente es tan poderoso que cualquier palabra dicha se queda corta?

Frustración, impotencia, rabia contenida y dolor emocional como signos de que por dentro se está librando una dura batalla: la de aceptar que somos parte de un proceso y ciclo vital y que, personas importantes que son parte de nosotros nos dejarán de acompañar en este camino llamado vida.

Esa persona, su risa, su voz, su olor… ya no está. Su ausencia duele, pero ese dolor es elevado a la enésima potencia cuando su pérdida se vive sin una merecida despedida. Sin poder decir un adiós, un te quiero. Una sonrisa cálida, unos brazos protectores, contenedores del miedo de dar un paso hacia delante, dejando atrás lo terrenal, abriendo paso a lo desconocido…

Pero vaya por delante el orgullo por lo vivido, por haber hecho el bien para que ese amor infinito pudiese llegar en forma de momentos al calor de la lumbre, envueltos en una mesa con su delicada y triste mirada, porque a veces los años duelen, y pesan…

Porque ser longevo es una virtud si se vive la vida que se quiere, y, como fortaleza y vulnerabilidad van de la mano, estoy segura que su historia no quedará olvidada. Porque vivió la vida que quiso vivir, porque recibió el amor de sus incondicionales.

Vaya por delante que, aquellos que hicieron lo máximo que pudieron por él, lograrán reposar su cabeza, cerrar los ojos y acallar la mente. Sin cargo de conciencia. Sin lamentos. Solamente, agradeciendo el regalo más preciado que la vida pudo dar, que es el de una historia que jamás quedará olvidada.

Un siglo de vida plena de esperanza y de momentos elaborados que, día a día, con su dosis de realidad, quedarán guardados en el mejor álbum habido y por haber: los recuerdos presentes en cada uno de nosotros.

Despedirse en tiempos de pandemia duele.

Duele la soledad.

La soledad no elegida.

Infinitas las personas que, agotada la fortaleza física y mental, se hallan vulnerables y se marchan, abriendo camino hacia lo no tangible, lo desconocido…

Esas personas son luz.

Gracias por todo.

ADIÓS, ABUELO

Raquel García Bayarri