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Muerte en vida (psicología)

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MUERTE EN VIDA

Primera hora de la mañana. Sonido estridente de la alarma. Control del tiempo cronológico. Mente nublada por la cantidad de sueño acumulado, sueño cuyo principal objetivo es mantener a Julián adormecido, sin activación alguna para empezar el día con energía. No es capaz de dar ni la tercera parte de lo que un día fue.

Las sábanas le tiran más que una taza de café cargado con espuma doble y un toque de cacao amargo. Amargo es como él se siente. Se rinde, se rinde a la pleitesía de su almohada, colchón y edredón. Apaga la alarma. Ausencia de planes.

El día es, para él, pura continuidad de la noche.

Son las 12:00 y sigue en la cama. Aletargado, con una espiral de pensamientos turbios similares a lo que puede llegar a ser el tubo de escape de un vehículo hallado en un desguace.

Así se siente, un desguace. Desguace humano.

Sus pensamientos han tomado el control de su mente, de su cuerpo y, por consiguiente, de su vida.

Su día a día se reduce a estar acompañado de unas pequeños y cilíndricos comprimidos cuyo objetivo (se supone que) es borrarle las situaciones de vida que su mente ha catalogado como PROBLEMAS.

Las 14:00 del mediodía, y sus piernas solo responden a dar dos pasos hacia la cocina. Si bien considera que debe alimentarse, Julián opta por una pizza congelada la cual reposa en el horno menos tiempo del indicado por el fabricante.

Dos mordiscos mal dados y lata de cerveza en mano, se dirige de nuevo a su “zona de confort”, su refugio. Su cama como principal compañera de vida.

Las agujas del reloj marcan las 18:00. ¿Qué ha sucedido? ¿Algún imprevisto en su monotonía?

Nada más que 8 lágrimas nacidas del interior de sus ojos y de lo más profundo de su alma.

Tristeza, apatía, desasosiego… sin atisbo de la menor gana de socializar. Teléfono móvil como refugio a su letargo. Sin WhatsApp alguno. Su día se reduce a cama, televisor, mantas, lágrimas, sudor y pena.

Pena cuyo peso es de 130 kilos. Julián cuyo peso es de 80 kg.

La pena ha ganado por goleada. En un combate a dos. En una vida que, para Julián, se acerca más a lo que supone morir. Prefiere no sentir. Prefiere no sufrir. Prefiere cerrar los ojos y seguir su sueño hasta que la pesadilla real desaparezca…

Depresión: Trastorno del estado de ánimo en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, apatía o frustración interfieren en la vida diaria, cuando estos se mantienen durante un periodo de dos semanas o más.

Así es como Julián vive, mejor dicho, SOBREVIVE, con una compañera de viaje bastante limitante, oscura y desagradable.

por Raquel García Bayarri