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Nutrición afectiva (psicología)

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El ser humano: esa máquina perfectamente diseñada, que necesita del alimento para sobrevivir, que, ante la enfermedad, es capaz de ir “desconectando” funciones biológicas para mantener con vida al cuerpo…

Qué necesario es nutrir nuestras células para poder mantener el sistema nervioso, endocrino, circulatorio, reproductor (y los cinco restantes) en marcha y en funcionamiento.

Vayamos más allá. Partiendo de la base que la alimentación es una de las necesidades primarias del ser humano … ¿realizamos correctamente el acto de alimentarnos o, solamente comemos de manera automática, sin ser conscientes de la importancia que realimente tiene?

Es fundamental apreciar la diferencia entre alimentarse y nutrirse. Veamos: alimentarse es la acción de llevarnos un alimento a la boca para posteriormente ingerirlo y que los procesos digestivos (que nosotros no controlamos) hagan su función. Nos alimentamos y comemos, pero muchas veces no nos nutrimos. Es aquí donde radica la principal diferencia. Muchas veces comemos por el mero hecho de que hay que comer para vivir, pero no disfrutamos del acto de comer, comemos por inercia, porque toca, porque es hora, sin conectar con el momento y con todo lo que envuelve el acto.

Voy a ser explícita y voy a apuntar a diana: muchísimas personas, en plena pandemia de represión emocional, deciden y eligen tragar emociones a través de la comida. Es decir, ante cierta tristeza, frustración, ansiedad, agobio, estrés… no se permiten sacar estas emociones de su cuerpo, si no que, en lugar de soltar todo aquello que les genera un bloqueo emocional, deciden comer alimentos poco nutritivos para simplemente “esconder” estas emociones, las que, pasado el acto de comer, vuelven a salir a flote. Es decir, eligen “tragarse” estados emocionales negativos, pudiendo resultar en una indigestión alimentaria y emocional. Déjame decirte que este proceso emocional es inconsciente. Es por esto por lo que decido escribir estas palabras, para que, todos los que estéis leyéndome, comprendáis que, muchas veces, necesitamos nutrir nuestras emociones y no va a depender solamente de alimentos altamente palatables (apetecibles). Porque se trata de nutrir nuestra alma, de recibir afecto. Porque comiendo de manera “emocional”, “tragando” emociones, lo que estamos intentando hacer es buscar afecto (en el lugar no indicado). El afecto no solamente lo va a proporcionar la comida.

Asociamos afecto a la comida porque en nuestro ADN viene programado que desde que somos bebés, hemos recibido alimento (y amor al mismo tiempo), a partir de la leche materna. Porque nuestras madres no solo nos han amamantado. Con este simple acto, nos han trasmitido amor y cariño; afecto y contención.

Ahora bien, ¿has sentido alguna vez el recurrir a la comida con el fin de buscar “consuelo”, “afecto” u otra emoción positiva que posiblemente, busques fuera cuando realmente, lo tienes dentro de ti?…

Seguiremos…

Raquel García Bayarri