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Días grises (psicología)

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Tiempo- pronóstico-previsión: soleado, nublado, mayormente nublado, lluvioso, tormentas aisladas…

Como dice la frase: después de la tormenta, siempre lega la calma y, como hemos podido observar, muchas veces, las tormentas limpian. 

Las personas somos un torrente de emociones, sensaciones, impulsos, vivencias, experiencias, sacudidas, impactos… los cuales dejan una huella en nosotros. Todo esto nos quita a vivir días grises, días en los que no nos apetece hacer mucho, días en los que no hacer nada ya puede ser considerado hacer algo, porque no estamos para nada, ni para nadie. 

Esa perfecta máquina llamada cuerpo humano, pasa por cierto “desajuste” emocional que, impide ver el Sol, porque seguramente ese Sol está tras las nubes, puedo imaginarlo, puedo visualizarlo, puedo cerrar los ojos y conmigo mente, observarlo, pensarlo. Pero si abro los ojos, no está presente, porque el poder de las nubes es mayor, porque su inmensidad lo cubre. ¿Qué tanto poder tiene esa nube que, es capaz de impedirme ver esos rayos que irradian mi cuerpo, que me echan de vitamina D? Podemos afirmar que los nubes están por encima del astro Sol, pero si cierro los ojos, puedo visualizarlo ¿verdad? Así de poderosa es nuestra mente, que, con el simple hecho de proyectarnos en un día luminoso, puede llegar a conseguir que el “nubo negro” que está sobre nuestra cabeza pierda poder, porque en ese preciso momento, hemos decidido tener nosotros el control y enfocarnos en lo que nos hace bien. Nosotros somos los creadores de nuestro destino, podemos tener días grises, sí. Podemos permitirnos no estar al cien por cien, ni al ochenta por cien, podemos aceptar estos estados de ánimo y podemos nutrirlos de la forma más sana posible, haciendo de un día gris, de un día medio nublado, un día medio soleado. Hoy, las nubes tapan el Sol, pero éste sobresale. Mañana, las nubes desaparecen y el Sol simplemente sale. 

Raquel García Bayarri