Inici ALTRES NOTICIES Emociones “atragantadas” (psicología)

Emociones “atragantadas” (psicología)

311

Algunas pueden ser las veces en las que, posiblemente, hayas sentido (por unos instantes), la incomodidad de estar atragantándote con algo (pudiendo ser un simple e inofensivo chicle o, por ejemplo, con una “maligna” cayena). Recuerda la sensación momentánea… puede que sintieras agobio; falta de aire; miedo… en resumen, sensación de no control.

Si bien la palabra en sí ya es bastante desagradable… nada que decir cuando, además de la existencia de la parte física del mismo concepto, existe también la parte emocional.

Sí, como he apuntado, hay emociones que puede que se atraganten, que se queden bloqueadas entre cabeza y corazón (ubiquemos esta sensación desagradable en la garganta).

“Tengo un nudo en la garganta”, es una frase hecha que habremos oído un sinfín de veces a lo largo de nuestra vida, porque sí, infinitas son las veces en las que nuestras emociones se quedan atascadas, pudiendo poner un remedio útil, simple, fácil y sanador: expresar los afectos.

Expresar los afectos puede sonar bastante genérico. Vayamos a matizar respecto a lo expuesto anteriormente.

Expresamos los afectos cuando hacemos lo que sentimos (siempre y cuando esté validado por el sistema normativo), aunque, debo decir que, es bastante lógico sobreentender que llevar a cabo la expresión de los afectos es muy LEGAL, aunque posiblemente, esté mal visto. Poniendo un ejemplo, puede que tengamos un mal día, que por mucho que la mañana se haya puesto soleada, nuestra cabeza está saturada de nubarrones negros. Bien, llegado este punto… ¿qué podemos hacer? Podemos expresar lo que nos está pudriendo (diciendo, soltando aquello que sentimos) o, por otra parte, podemos ignorarlo porque sí, es legal sacarlo, llorarlo, expresarlo, pero… está mal visto (nótese la ironía en esto último).

Creo i quisiera haber llegar a ti, haciéndote saber que, en todas esas emociones no digeridas, o, mejor dicho, mal digeridas, atragantadas… tú tienes el control y el poder. Porque si bien no decides que el chicle se escurra bajo tu laringe, que la cayena se camufle entre pedazos de tomate y pimiento… sí que puedes decidir llorar y sacar fuera todo eso que te está generando agobio, falta de aire, miedo…

Tú tienes el papel protagonista en la historia de tu vida. Recuerda que lo que no decimos no se muere, nos mata.